ournal of Epidemiology and Community Health
Aplicar impuestos sobre alimentos de alto nivel calórico y bajo nivel nutricional resultó progresivo
Sin embargo, no provocaron una baja en la ingesta ya que quienes más los consumen son los sectores de mayor poder adquisitivo.

Los impuestos que se aplicaron sobre los alimentos procesados con densidad energética no esencial y las bebidas azucaradas resultaron progresivos pero no provocaron una baja en la ingesta ya que quienes más los consumen son los sectores de mayor poder adquisitivo.

Así lo sugiere el estudio “Energy density of foods and diets in Mexico and their monetary cost by socioeconomic strata: analyses of ENSANUT data 2012” (Journal of Epidemiology and Community Health, 71 (7) Págs: 713 – 721, 2017), elaborado por profesionales de la Universidad de Washington, Seattle, estados Unidos y de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, México.

La investigación partió con el dato de que en enero de 2014, México aplicó un impuesto del 8% sobre los alimentos no esenciales con densidad de energía ≥275 kcal / 100 g, con miras a prevenir la obesidad. El estudio, entonces, exploró la densidad energética de alimentos y dietas en México y su costo monetario entre los subgrupos de población.

Para eso, se estudió la ingesta dietética para 3057 adultos (edades ≥ 19 años), que se obtuvieron de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT 2012). Se calculó la densidad energética (kcal / g) para alimentos, grupos de alimentos y dietas totales. Los precios  medios al por menor nacionales de 153 alimentos se obtuvieron del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI). El costo monetario de las dietas totales (MXN / día) se estimó uniendo los precios de los alimentos a las ingestas dietéticas del cuestionario de frecuencia alimentaria ENSANUT.

Además, se examinaron las asociaciones entre la densidad energética de la dieta y su costo por edad, sexo, residencia rural o urbana y nivel socioeconómico.

Como resultado se halló que los granos, grasas y dulces energéticamente densos cuestan menos por caloría que la leche y los productos lácteos, la carne, las verduras y las frutas. Las dietas de menor costo derivaron más calorías de tortillas, tamales, frijoles y azúcar, mientras que las dietas de mayor costo contenían más alimentos procesados con energía densa no esencial y más bebidas azucaradas y frutas y verduras. En cada quintilo de la ingesta de energía, la densidad de energía alimentaria más alta se asoció con menores costos de la dieta ajustada por energía. Las tortillas y los tamales  tradicionales energéticamente densos, también caracterizados por un menor costo, fueron consumidos más por las personas pobres de zonas rurales. Los habitantes urbanos tenían dietas más al estilo “occidental”.

La OMS recomendó reducir la densidad de la energía alimentaria como una estrategia clave para la prevención de la obesidad. México está pasando por una transición nutricional. Estudios realizados por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) siguieron la evolución de las tendencias dietéticas en la salud de la población y detectaron un aumento del consumo de bebidas azucaradas y snacks de alta densidad energética, lo que se convirtió en un área de preocupación para la salud pública

La reducción de la densidad de energía dietética es una estrategia para abordar la epidemia de obesidad. En un esfuerzo por reducir la densidad energética alimentaria, México impuso un impuesto del 8% sobre los alimentos con una densidad energética ≥275 kcal / 100 g y uno del 10% a las bebidas azucaradas de baja densidad energética.

El estudio realizó una exploración de la densidad energética de los alimentos individuales y dietas totales en relación con su costo monetario en un país de ingresos medios. Además, se estimaron los costos de la dieta para los habitantes urbanos y rurales y para los diferentes grupos socioeconómicos, sobre la base de una encuesta de salud y nutrición nacionalmente representativa. Las dietas de mayor calidad se asociaron con mayores costos, mientras que las dietas altas en granos y grasas resultaron más baratas. Los grupos de ingresos más altos consumieron más comida rápida, snacks y refrescos, los grupos de menores ingresos obtuvieron más energía de las tortillas tradicionales, tamales y frijoles.

Se concluyó que el impuesto de México sobre los alimentos procesados con energía densa no esencial, incluyendo muchos productos procesados de mínimo valor nutricional, es un impuesto progresivo sobre estos alimentos que son más propensos a ser consumidos por el grupo más rico. Aunque los grupos más ricos en México todavía tienen tasas de obesidad más altas que los pobres, es probable que esa distribución cambie.

En el estudio se propone que se profundice en análisis de costos de la estructura de la dieta para los países de ingresos medios en los que basar la salud pública o la política alimentaria fiscal.

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